Las constantes alzas en el precio de los combustibles han empujado a miles de automovilistas a dejar el auto en casa y migrar al transporte público.

Las recientes y consecutivas alzas en el precio de las bencinas continúan reconfigurando los hábitos de transporte en la capital. Ante el alto costo que implica trasladarse en vehículo particular, miles de santiaguinos han optado por el transporte masivo, generando un notable incremento de usuarios en el Metro de Santiago y llevando a estaciones estratégicas como Vicuña Mackenna a operar al límite de su capacidad en horas punta.

La migración desde el automóvil hacia la red subterránea se ha sentido de manera drástica en comunas como Puente Alto, La Florida, Peñalolén y La Cisterna, concentrando un flujo masivo en las zonas de trasbordo durante las primeras horas de la mañana.

En Vicuña Mackenna la dinámica ya era exigente, pero ahora recibimos una masa de gente constante desde la Línea 4A y la Línea 4. Nuestra prioridad en la mañana es dosificar el paso en las escaleras para que el borde del andén no se sobrepase y evitar cualquier accidente”. Lo comenta Soledad Muñoz, guardia de seguridad.

Entre los pasajeros, la decisión de usar el subterráneo responde directamente al impacto en el bolsillo, aunque el cambio de transporte implica enfrentar la saturación diaria del sistema.

“Llenar el tanque del auto se volvió insostenible con las últimas subidas de la bencina, así que no me quedó otra que volver al Metro. El ahorro de plata es gigante, pero la combinación a las ocho de la mañana en Vicuña Mackenna es dura. Hay que armarse de paciencia porque los vagones vienen llenos y hay que dejar pasar dos o tres trenes para poder subir”. Afirma Rafael Godoy, usuario del metro.

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